¿Una escuela de filosofía?

Acepté ser miembro en diciembre de 2012, cuando para entonces me sentía en un ambiente muy reconfortante, amistoso e idealista compartiendo reflexiones del día a día con los compañeros. Se me citó a lo que llamaron “una fiesta de aceptación como miembro”, que básicamente  consistiría en una ceremonia o ritual en el que había que guardar un protocolo. Se me enseñó el escudo de Nueva Acrópolis y se me explicaron todos sus símbolos: se me explicó que existía un himno interno de Nueva Acrópolis y se me dió una fotocopia con una letra de canción,  porque íbamos a cantarlo; también se me ofreció una hoja de laurel, explicándome que ese era el símbolo de la victoria y que yo había “conquistado el idealista que había en mí, para convertirlo en un pequeño filósofo”. Y se me enseñó el saludo a mano alzada de Nueva Acrópolis.

Se me repitió, en mas de una ocasión, que Nueva Acrópolis no era una secta por el hecho de tener un escudo, un himno y un saludo, poniendo el ejemplo de que si así fuera todos los equipos de fútbol también serian una secta o incluso los partidos políticos.

Pero yo no me quedé muy convencida.

Desde ese momento todo empezó a ser extraño para mi. Aunque traté de disimular y dejar a un lado mis prejuicios, en los meses posteriores, fui muy observadora y empecé a poco a poco a escuchar cosas que no encajaban: como una idolatría desmesurada por la vida de Jorge Angel Livraga Richi mas conocido como “JAL”, el fundador, lo cual yo no compartía y en un par de ocasiones cuando me negué a quedarme por la noche a ver un documental sobre JAL note rápidamente el disgusto del profesor y parte de mis compañeros.