Estaba ciega, completamente ciega

No se pueden imaginar hasta qué punto se metió en mi vida, la dejé implicarse en todos los aspectos…Cuestiones económicas, mis relaciones sexuales con mi pareja, consulta de algún miedo con mi hijo….cómo comportarme en el trabajo, que decir, cómo actuar…

A veces, algo no me cuadraba, algo me escocía, mi educación me avisaba de que algo no iba bien, pero esa persona siempre decía que eran mis problemas…

Mi verdadero trabajo fue publicitar a esa supuesta escuela de psicoanálisis. Incesantemente, recomendarles siempre fervientemente. La realidad era que todo iba de mal en peor. Yo me preguntaba, “¿Cómo era posible que esa terapia tan maravillosa a la postre sirviera para que tuvieran graves problemas, tensiones familiares, problemas en el trabajo, en mi vida sexual?”. Ciega, estaba ciega.

Con el paso del tiempo, me insistieron en hacer lo que ellos llaman “seminarios, cursos y talleres”. Dinero, y más dinero… Recuerdo que ellos vendían el seminario con una duración de tres años, pero aquello no acababa nunca. Una compañera, muy enfadada me lo comentó, y me dijo “no sé porqué dicen que son tres años de duración y luego esto no tiene fin”.

Ellos decían que la formación para psicoanalista era interminable, pero si pedías un certificado para acreditar la formación no lo hacían. Y yo no iba para hacer ninguna formación, pero acabé enrolada. Y siempre con castigos emocionales para aislarte y romper relaciones con las personas más importantes de tu vida. “Interpretaciones psicoanalíticas, según ellos para saber y conocerte, para no tener miedo, y poder crecer”.  “Crecer”:  esa palabra es muy de ellos.